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CARDENAL ERNESTO CORRIPIO AHUMADA
FUNDADOR DEL CENTRO MEXICANO DE SINDONOLOGÍA
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Fotografía tomada en el 20 aniversario del Centro Mexicano de Sindonología |
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HOMENAJE A SU EMINENCIA EL CARDENAL EMÉRITO
DON ERNESTO CORRIPIO AHUMADA
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Centro Mexicano de Sindonología
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El Centro Mexicano de Sindonología desea manifestar por este medio un mensaje de profundo agradecimiento a su fundador y Presidente Emérito, el Sr. Cardenal Ernesto Corripio Ahumada que este 10 de abril de 2008 tuvo la dicha de presentarse ante Nuestro Señor Jesucristo, el dueño de la Sábana Santa, y contemplar Su Rostro Cara a Cara.
Su Eminencia fue siempre un profundo enamorado de la Sábana Santa. Al poco tiempo de ser creado Cardenal por el también extrañado Juan Pablo II, en 1979, compró en Roma y trajo a México la famosa exposición sobre la Sábana Santa del eminente sindonólogo Romano Giulio Ricci. S. E. Ernesto Corripio sabía que esta reliquia de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, pero sobre todo, testigo de la resurrección de nuestro Salvador, es un excelente instrumento de catequesis y evangelización y que era muy importante difundir de la forma más amplia el mensaje de salvación contenido en esta preciosísima reliquia.
En 1981 inauguró la exposición en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, con una magna conferencia impartida por nuestro querido y extrañado Presidente fundador el Dr. Enrique Rivero-Borrell Vázquez. Posteriormente, y de acuerdo a su deseo de que se conociera en toda la República Mexicana este mensaje de amor, manifestado en las diversas láminas de esta magna exposición, le encargó al Ing. Fernando Rivera Barroso que coordinara y promoviera que la exposición fuera llevada a toda las Diócesis interesadas y dispuestas a recibirla para la edificación espiritual de todos aquellos que se acercaran a ella.
No contento con esto, le encargó a nuestro queridísimo y extrañado Presbítero Faustino Cervantes Ibarrola, encargado de la Comisión de Cultura y Educación del Arzobispado de México, que junto con el Ing. Rivera Barroso organizaran la creación en México de un Centro de Estudio y Difusión de los investigaciones y el mensaje de la Sábana Santa. Así el 19 de enero de 1983 iniciaron las reuniones en la Curia Metropolitana, presidiadas por el Dr. Rivero-Borrel y siempre amable e inteligentemente moderadas por el Padre Cervantes que desembocaron finalmente en la fundación del Centro Mexicano de Sindonología el 25 de mayo del mismo año de 1983. La declaratoria de inauguración fue hecha por el propio Cardenal y se contó además con la siempre atinada participación de nuestro querido Teólogo el Padre Antonio Brambila, entre otras personalidades.
En los años que siguieron, el Señor Cardenal Ernesto Corripio estuvo siempre muy cerca de nosotros, interesándose en las labores que realizábamos, alentándonos y apoyándonos en todo lo que requeríamos para la mejor realización de nuestro cometido. Gracias a su apoyo el Dr. Enrique Rivero-Borrell Vázquez, nuestro Presidente -hasta que el Señor lo llamó a su presencia en 1998- recibió en 1986 del Papa Juan Pablo II la Medalla PRO ECCLESIA ET POTIFICE con motivo de su conferencia número mil, que se llevó a cabo en el Auditorio de la Universidad La Salle.
Después de su retiro, el Señor Cardenal nos recibió en múltiples ocasiones en su casa: Siempre con una sonrisa, con un interés despierto y con palabras de estímulo y aliento para que continuáramos en esta importante labor de llevar a nuestra sociedad mexicana y a esta iglesia peregrinante en nuestro país, el mensaje de consuelo, de amor y de redención contenido en la Sábana Santa y transmitiéndole esas palabras de Su Santidad Juan Pablo II que nos invitó a hacer del Mensaje de la Sábana Santa, el hilo conductor de nuestra existencia.
El pasado 10 de abril del presente año el dueño de la Sábana Santa llamó a su presencia a nuestro Fundador y Presidente Emérito, para darle el premio merecido y mostrarle Su Rostro real y verdadero –como dice la oración escrita por el Dr. Rivero-Borrell- Nosotros extrañaremos siempre su presencia y su consejo, sus palabras de aliento y su presencia amble y generosa, tanto en la salud como en la enfermedad. Trabajaremos para imitarlo en su firme voluntad de difundir el mensaje de salvación de Nuestro Señor Jesucristo, utilizando el precioso regalo que es la Sábana Santa, rogándole a Dios por el eterno descanso de su alma y pidiéndole que interceda ante nuestro Salvador para que no desfallezcamos en la labor, seguros de que a nosotros nos toca sembrar con Él, pero a Él le toca el cosechar en el momento oportuno.
Querido Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, todos los miembros del Centro Mexicano de Sindonología le expresamos nuestra más profunda gratitud por todo lo que hizo por nosotros, por el gran amor que le tuvo a esta maravillosa reliquia de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y por su inmenso amor a la grey encomendada a su cuidado en los diversos cargos que desempeñó. Este próximo 25 de mayo cumpliremos 25 años que tuvimos la fortuna de que fundara nuestro Centro de Sindonología, está usted cordialmente invitado a que nos acompañe, nos infunda nuevos bríos y le pedimos que nunca nos abandone, ni permita que nosotros abandonemos la labor que nos encomendó ese 25 de mayo de 1983, pero sobre todo, le pedimos que nos ayude a que este mensaje penetre profundamente en el presbiterio, en las autoridades eclesiásticas y en todo el pueblo de Dios. El mensaje de la Sábana Santa es medicina para esta humanidad escéptica del siglo XXI, ¡Ayúdenos a distribuir esta medicina en las dosis que la sociedad necesita, para mayor gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y de su Bendita Madre la Virgen María.
Querido Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, que Dios lo Bendiga y ¡¡¡MUCHAS GRACIAS!!!
Centro Mexicano de Sindonología |
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88 AÑOS DE UN HOMBRE DE FE
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Jueves, 10 de abril de 2008
Por Felipe Monroy
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Estaban frente a frente en ese último consistorio del 2003; el papa Juan Pablo II miró al Arzobispo Emérito de México y le dijo simplemente: “Ernesto”;. Mons. Corripio Ahumada, alguna vez el obispo más joven de México, con el recuerdo de aquel beso en la frente que Karol Wojtila le dio en su última visita a México le respondió: “Ya estamos viejos”. Y luego: sólo el intercambio de miradas, el silencio presidió la conversación.
En ese mismo año, Mons. Corripio Ahumada celebraba 50 años de haber sido consagrado obispo, 61 años de servir en sacerdocio y un cuarto de siglo de Cardenal.
Hoy, a sus 88 años de edad, el Card. Corripio Ahumada, con los padecimientos obligados de un hombre que presenció los fulgores de la Segunda Guerra Mundial durante sus estudios y ordenación sacerdotal en Roma, lanza un mensaje al pueblo de México, al que orientó cerca de 18 años: “Vivan intensamente su fe”.
Hombre de fe
Retirado desde 1995, cuando cedió la sede arzobispal a Mons. Norberto Rivera Carrera, el Card. Corripio Ahumada continuó asistiendo a oficiar Misas y procurar la comunión en diferentes parroquias del Distrito Federal.
Promotor del Segundo Sínodo Arquidiocesano en 1992 -el origen de la Misión Permanente actual, eje central de la actividad actual de la Iglesia particular de México-, regresó a lo fundamental: sigue con estricto rigor los rezos del “Buen seminarista”; procura laudes, vísperas y completas junto con el Rosario y su oración preferida: ¡Oh, Jesús Sacerdote Eterno!.
Sacerdotes relatan que durante su servicio como Arzobispo y Cardenal, sus actividades eran tantas que incluso las suspendía de improviso, sacaba a todos quienes estaban con él en la habitación y comenzaba a orar.
Ser Arzobispo de México era sorprendente hasta para el propio papa Juan Pablo II; luego de la división territorial propuesta por el Card. Miguel Darío Miranda, Mons. Corripio Ahumada le solicitó Obispos Auxiliares al Santo Padre para la ciudad de México y éste durante una visita a México le dijo: “cuando era obispo en Cracovia con un millón de habitantes tenía mucho trabajo, pero aquí en esta diócesis, ¿Cómo le hace?”. El Card. Ernesto Corripio le contestó: “Santidad, ni yo sé cómo le hago”. Y el pontífice concedió obispos auxiliares para la Arquidiócesis de México: Mons. Luis Mena Arroyo, Mons. Abelardo Alvarado Alcántara, Mons. Francisco Ma. Aguilera González y Mons. José Pablo Rovalo Azcue.
Hombre de Iglesia
Originario de Tampico, Tamaulipas, inspirado en su vocación por su abuela materna y promovido por el obispo de Tampico, Mons. Serafín María Armora para estudiar en el Seminario Palafoxiano de Puebla y luego en el Colegio Pio Latinoamericano y la Universidad Gregoriana en Roma cuando sólo tenía 16 años de edad, recuerda la presencia y enseñanza de grandes hombres, conoce en los patios del Vaticano al Card. Eugenio Pacelli y lo rememora leyendo, siempre leyendo. En 1939 presenció “fumata bianca” de la Capilla Sextina y la coronación pontificia del Card. Pacelli, como el papa Pío XII.
Ordenado sacerdote en 1942, pleno auge de la crispación internacional, tiene que esperar en Roma el ingreso de los Aliados para regresar a México, su periplo lo lleva a Río de Janeiro, Brasil, y luego a Buenos Aires, Argentina en donde, gracias a la intervención del arzobispo de la ciudad, sirve al pueblo de Dios en Río de la Plata durante la Cuaresma mientras zarpaba un nuevo barco a México. Sin embargo, para el delegado Apostólico en México, Don Luis María Martínez, era necesario que los 30 sacerdotes mexicanos regresaran al país y arregla con una línea aérea su traslado. Al regresar a Tamaulipas, lo nombran Vicario Cooperador en la Catedral de Tampico.
Nombrado obispo a los 33 años, fue pastor de su diócesis natal como auxiliar en 1952 y como titular en 1956. Participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965) y presenció la sucesión del papa Juan XXIII, al papa Paulo VI. Éste último lo promueve como arzobispo para Antequera-Oaxaca en 1967, luego para Puebla en 1976 y para México en 1977.
Como cardenal ocupó varios puestos en la Curia Romana y como obispo en las Conferencias Episcopales de México y la Latinoamericana.
Para celebrar sus bodas de oro episcopales se trasladó a Tampico y en la Catedral donde fue bautizado, Confirmado, donde hizo su Primera Comunión y fue consagrado Obispo. |
SIAME - Sistema Informativo Arquidiocesis de México
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Hombre de Cristo
¿Cuál es el pasaje del Evangelio preferido por usted señor Cardenal?
“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”, responde con pausada voz, lento y gutural por su avanzado padecimiento.
Entrevistado con motivo de su cumpleaños, Mons. Ernesto Corripio afirma querer como regalo que la gente ore por él y que se le celebre una Misa solemne; su avanzada diabetes que orilló a los médicos a removerle la pierna derecha y la ceguera parcial producto del mismo padecimiento no merma su ánimo al orar ante el Santísimo Sacramento o rezar el Rosario. Su mismo sufrimiento lo ofrece por sus semejantes.
El P. Daniel Villalobos, asistente personal del cardenal desde su retiro, asegura que a pesar de su edad, Mons. Corripio Ahumada continuaba celebrando la Eucaristía con devoción: “comulga con plena conciencia, le da un significado al momento que dedica en la reflexión, en la oración, con la Eucaristía se toma su tiempo”.
En su escudo cardenalicio, Mons. Corripio grabó “Nuestro vivir es Cristo”; debajo del birrete y listones rojos (símbolo del servicio a Jesús hasta el derramamiento de sangre); su servicio de cardenalato lo marcó en su forma más sencilla: cardenal, derivado de “bisagra”, significa la unión del Santo Padre con los pueblos del mundo a través de la Iglesia, de sus consejeros y potenciales sucesores, unidos a Cristo con un solo fin.
Avanza la tarde y en la tranquila zona de Tepepan comienza a oscurecer; antes de cenar castañas con vino tinto que tantos recuerdos le traen de Roma, Mons. Corripio Ahumada reza vísperas en compañía de las religiosas que lo asisten y finaliza con sentimiento su oración predilecta: “¡Te agradezco desde ya, unido a María, por todos los beneficios que Tu Amor me reserva aún en el tiempo y en la eternidad!”. |
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